Jefes
Los jefes hacen básicamente dos cosas:
1. Reunirse: Se reunen. Mucho, a todas horas. El fruto de esas reuniones es...
2. Dar por saco a los que están debajo de ellos: no creo que hagan falta más explicaciones.
Tomando esto como base existen dos tipos de jefe:
1. Los jefes que intentan hacer de paraguas en la medida de sus posibilidades.
2. Los malos jefes.
Es doloroso ver cómo un jefe tipo 1 se convierte en un jefe tipo 2, pero sucede. Es algo así como una especie de degeneración que, imparable, acaba por alcanzar a todos. Pero esta es otra historia. Dentro de los malos jefes hay, de nuevo, otras dos subdivisiones:
2.1. El mal jefe que, siendo o no consciente de que lo es, no lleva a engaño a sus subalternos.
2.2 El mal jefe que, siendo consciente de que lo es, intenta enmascararlo de diversas formas.
Éstos últimos son los peligrosos, sobre todo porque algunos han refinado tanto sus técnicas que prácticamente se confunden con el jefe tipo 1.
He aquí unos prácticos consejos sobre cómo diferenciarlos en algunas situaciones:
Trabajo sorpresa
- Tipo 1: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Estoy liado pero sacaré tiempo. No hagas nada hasta que lo planifiquemos con la gente.
- Tipo 2.2: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Qué faena. Estoy liadísimo con reuniones e historias. Te mandaré un correo con el tema.
Acometiendo un proyecto
- Tipo 1: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y, como de costumbre, no me ha dicho nada concreto. De manera que haz algo preliminar y que no cueste mucho cambiar. Sobre eso trabajaremos hasta que tengamos el contenido definitivo.
- Tipo 2.2: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y es lo que me ha dicho, Menudo marrón macho, pero en fin, a por ello. Vé haciéndola y yo te echaré un cable. Cuando acabes me avisas para que le eche un vistazo.
Día a día del desarrollo
- Tipo 1: Vale, estos cambios parecen correctos. Cuéntame por qué los has hecho para que pueda defenderlos arriba y no nos toquen las narices más de lo necesario.
- Tipo 2.2: Vale, estos cambios me gustan. A ver si hay suerte y arriba opinan lo mismo.
Presentación del proyecto
- Tipo 1: De acuerdo, déjame hablar a mí, que el jefazo se las trae. Creo que no tenemos cabos sueltos pero no le toquemos las narices al diablo.
- Tipo 2.2: De acuerdo, vamos a ver al jefazo. ¿Lo tienes todo bien preparado? No sea que nos pille en un renuncio, que es muy ladino. Vamos, seguro que lo harás muy bien.
El caso es que prefiero un mal jefe a un mal jefe con pinta de buen jefe. Con éstos uno nunca sabe a qué atenerse mientras que aquellos nunca defraudan.
Los jefes hacen básicamente dos cosas:
1. Reunirse: Se reunen. Mucho, a todas horas. El fruto de esas reuniones es...
2. Dar por saco a los que están debajo de ellos: no creo que hagan falta más explicaciones.
Tomando esto como base existen dos tipos de jefe:
1. Los jefes que intentan hacer de paraguas en la medida de sus posibilidades.
2. Los malos jefes.
Es doloroso ver cómo un jefe tipo 1 se convierte en un jefe tipo 2, pero sucede. Es algo así como una especie de degeneración que, imparable, acaba por alcanzar a todos. Pero esta es otra historia. Dentro de los malos jefes hay, de nuevo, otras dos subdivisiones:
2.1. El mal jefe que, siendo o no consciente de que lo es, no lleva a engaño a sus subalternos.
2.2 El mal jefe que, siendo consciente de que lo es, intenta enmascararlo de diversas formas.
Éstos últimos son los peligrosos, sobre todo porque algunos han refinado tanto sus técnicas que prácticamente se confunden con el jefe tipo 1.
He aquí unos prácticos consejos sobre cómo diferenciarlos en algunas situaciones:
Trabajo sorpresa
- Tipo 1: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Estoy liado pero sacaré tiempo. No hagas nada hasta que lo planifiquemos con la gente.
- Tipo 2.2: Pues sí, nos ha caido encima este trabajito y es urgente. Qué faena. Estoy liadísimo con reuniones e historias. Te mandaré un correo con el tema.
Acometiendo un proyecto
- Tipo 1: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y, como de costumbre, no me ha dicho nada concreto. De manera que haz algo preliminar y que no cueste mucho cambiar. Sobre eso trabajaremos hasta que tengamos el contenido definitivo.
- Tipo 2.2: Necesitamos una web con instrucciones antivirus. Acabo de bajar de ver al jefazo y es lo que me ha dicho, Menudo marrón macho, pero en fin, a por ello. Vé haciéndola y yo te echaré un cable. Cuando acabes me avisas para que le eche un vistazo.
Día a día del desarrollo
- Tipo 1: Vale, estos cambios parecen correctos. Cuéntame por qué los has hecho para que pueda defenderlos arriba y no nos toquen las narices más de lo necesario.
- Tipo 2.2: Vale, estos cambios me gustan. A ver si hay suerte y arriba opinan lo mismo.
Presentación del proyecto
- Tipo 1: De acuerdo, déjame hablar a mí, que el jefazo se las trae. Creo que no tenemos cabos sueltos pero no le toquemos las narices al diablo.
- Tipo 2.2: De acuerdo, vamos a ver al jefazo. ¿Lo tienes todo bien preparado? No sea que nos pille en un renuncio, que es muy ladino. Vamos, seguro que lo harás muy bien.
El caso es que prefiero un mal jefe a un mal jefe con pinta de buen jefe. Con éstos uno nunca sabe a qué atenerse mientras que aquellos nunca defraudan.
3 comentarios:
Los clientes pueden ser iguales o peores que los jefes.
Al final, de un modo u otro, vamos a palmar antes o después con uno que nos toque las narices por cualquier cosa.
Pero es cierto que el papel que un jefe desarrolla a la hora de saber dirigir a su gente puede ser la diferencia entre hacer bien tu trabajo o convertir aquello en una carrera de obstáculos.
Lo mejor: ser autónomo. Aunque, como dice Imperator, los clientes también tienen su aquél.
Es que los clientes también son los que te pagan, ¿no? :)
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